Maqueta del cerebro para explicar trastornos neurológicos en niños
Autor: Giovana Femat Roldán

El estilo de aprendizaje que se aplica con la metodología por maquetas es el aprendizaje por acción, que se adquiere a través de la experiencia y la práctica, desarrollando habilidades motoras que hacen que la conducta sea más eficiente, rápida y precisa. El aprendizaje se mide mediante el análisis de respuestas motoras, de errores y de aciertos, centrándose en el aprendizaje perceptivo-motor.
El cerebelo, la corteza parietal asociativa, la corteza motora secundaria, la corteza premotora y la corteza de asociación prefrontal dorsolateral forman parte de la circuitería cerebral encargada de este tipo de aprendizaje, que se relaciona con la memoria, la atención y la toma de decisiones, habilidades cognitivas que no solo son necesarias para aprender un contenido específico, sino también para actuar profesionalmente ante las necesidades del medio.
Estudios realizados en el ámbito de la neurociencia concluyen que la representación motora de la acción facilita el aprendizaje de las acciones de una manera más potente que la mera observación visual
Tras el nacimiento, el cerebro continúa formándose. Nacemos con aproximadamente la mitad de neuronas que tendrá el cerebro adulto, por lo que inicialmente se deben formar muchas neuronas nuevas. Sin embargo, sobre los tres a cuatro años de edad, el cerebro ya contiene prácticamente todas las neuronas que precisa, y pocas más se añadirán en el transcurso de la vida.
Pero a pesar de ello, su formación jamás está concluida, y continúa construyéndose y reconstruyéndose a lo largo de toda la vida.
¿Cómo se explica que se vaya construyendo y reconstruyendo constantemente, si prácticamente no incorpora neuronas nuevas?
Muy sencillo: lo hace estableciendo nuevas conexiones, que en terminología científica se denominan sinapsis. Este fenómeno, que es crucial para comprender nuestras características mentales y entender cómo van cambiando, se denomina plasticidad neural. Consiste, precisamente, en la capacidad que tienen las neuronas para establecer conexiones nuevas, y también para eliminar, en algunas ocasiones, las que están en desuso, un proceso que se denomina podado sináptico, por homología al podado de las ramas de los árboles.
La plasticidad neural es crucial en cualquier proceso de aprendizaje. Si el cerebro humano no pudiese hacer conexiones nuevas, llegado ese momento no podríamos aprender nada nuevo, solo usar lo que ya supiéramos con anterioridad. Por eso cada día, cuando nos acostamos, nuestro cerebro es necesariamente diferente a cómo era por la mañana al despertarnos, porque no pasa ni un solo día sin que aprendamos algo nuevo o sin que hayamos vivido alguna experiencia que merezca la pena ser recordada, al menos durante algún tiempo.

La motivación y el juego en el aprendizaje
El pobre desempeño de aprendizaje muchas veces se debe a la falta de motivación. Es un tema que preocupa a docentes y familias, pues se observa, en muchas ocasiones, a un alumnado que rechaza la escuela por falta de motivación. Por ello, se hace necesario conocer el problema para poder abordar y mejorar la metodología implementada en el aula, buscando soluciones que estimulen al alumnado y despierten el deseo e interés por aprender contenidos tanto dentro como fuera del aula.
El interés de una nueva perspectiva de la enseñanza, basada en la implicación en el aprendizaje por neurociencia son: la emoción, la atención, el juego, la curiosidad, la motivación, la creatividad, el trabajo colectivo, entre otros. El juego es uno de los focos de atención, pues éste es con el que cualquier mamífero comienza a aprender. El juego implica curiosidad, riesgos, placer, emoción, recompensa etc .Y es que este placer es el mecanismo que empuja al niño al deseo de conocer, de investigar, llevándolo a un aprendizaje desde la motivación y el placer
Para hablar de juego y la importancia del mismo en el desarrollo del niño, debemos citar a Vygotski (1989), quien expone y valora la capacidad creadora de los niños manteniendo una postura firme en cuanto a la necesidad de atenderla y fomentarla para su desarrollo general y su preparación a la madurez. A diferencia con el resto de animales, a través del juego el ser humano aprende habilidades sociales relacionadas con su desarrollo afectivo y desarrollo cognitivo, ambos conectados con la creatividad. A lo que debemos añadir su capacidad de provocar placer, llegando incluso a absorber completamente al jugador. Se juega dentro de un espacio y un tiempo, teniendo sentido en dicho marco espacio temporal. Cuando acaba este tiempo el juego queda como recuerdo, como creación, pudiendo repetirlo en cualquier momento.
De esta manera realizando maquetas o juegos sobre los trastornos neurológicos, los niños pueden tener una mejor comprensión de enfermedades neurológicas.
