Mi hijo tiene ataques de pánico, ¿puede ser neurológico?
Autor: Giovana Femat Roldán

Los ataques de pánico en los niños son episodios súbitos de miedo intenso, a menudo acompañados de síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores y dificultad para respirar. Como padre o madre, ver a tu hijo pasar por esto puede ser alarmante y generar muchas preguntas, entre ellas si esta condición puede tener una base neurológica.
¿Qué son los ataques de pánico?
Un ataque de pánico es una respuesta de miedo o ansiedad desmedida ante una situación que no necesariamente representa un peligro real. Estos episodios pueden durar entre 10 a 30 minutos y, aunque el miedo desaparezca, el niño puede quedar con una sensación de inquietud o fatiga por varias horas. En los más pequeños, es común que no puedan expresar exactamente lo que están sintiendo, lo que hace que sus reacciones sean más físicas o conductuales, como llorar de forma incontrolable o aferrarse a sus padres.
¿Es un problema neurológico?
La respuesta es compleja. Los ataques de pánico pueden estar asociados con una disfunción en la forma en que el cerebro procesa el miedo y la ansiedad. Específicamente, las regiones del cerebro como la amígdala y el hipocampo, que están involucradas en la respuesta al miedo, juegan un papel importante. Sin embargo, los ataques de pánico no siempre son producto de un problema estructural en el cerebro. En cambio, son el resultado de una interacción entre factores genéticos, psicológicos y, en algunos casos, neurológicos.
En ciertos casos, los niños que sufren de ataques de pánico también pueden tener antecedentes de ansiedad generalizada, depresión o trastornos relacionados, que a su vez pueden tener una base neurológica. Por ejemplo, la hiperactividad en los circuitos cerebrales relacionados con el miedo puede predisponer a ciertos niños a experimentar estos ataques de manera más frecuente.
¿Cuándo buscar la ayuda de un neurólogo?
Si tu hijo está teniendo ataques de pánico frecuentes, es importante consultar con un pediatra o un neurólogo especializado en niños. Existen algunos casos donde es recomendable realizar estudios neurológicos si los ataques de pánico se acompañan de otros síntomas como:
- Desmayos o pérdida de conciencia.
- Convulsiones.
- Cambios repentinos en el comportamiento o el desarrollo.
- Dolor de cabeza severo o persistente.
Un neurólogo podrá realizar una evaluación para descartar problemas neurológicos como epilepsia o trastornos del sistema nervioso central que podrían estar contribuyendo a los ataques de pánico.

Tratamiento y enfoque multidisciplinario
Si bien el aspecto neurológico puede ser una parte importante de la evaluación, el tratamiento de los ataques de pánico en niños generalmente involucra un enfoque multidisciplinario. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las intervenciones más efectivas para ayudar a los niños a manejar sus ataques de pánico, y en algunos casos, el uso de medicamentos puede ser considerado.
Un neurólogo pediátrico trabajará de la mano con psicólogos o psiquiatras infantiles para asegurarse de que el tratamiento aborde todos los aspectos del problema, desde lo neurológico hasta lo emocional.
Síntomas y causas de un ataque de pánico en niños
Los ataques de pánico en niños pueden ser desconcertantes, tanto para ellos como para sus padres. Estos episodios de miedo intenso aparecen de manera repentina y, aunque son breves, pueden dejar una impresión duradera en el niño. A continuación, se explican los síntomas comunes y las posibles causas de los ataques de pánico en los niños para ayudar a los padres a comprender mejor este fenómeno.
Síntomas de un ataque de pánico en niños
Un ataque de pánico se caracteriza por una serie de síntomas físicos y emocionales que surgen abruptamente y alcanzan su punto máximo en pocos minutos. Los síntomas pueden variar de un niño a otro, pero algunos de los más comunes incluyen:
- Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado: El niño puede sentir que su corazón late de manera inusualmente rápida o fuerte.
- Dificultad para respirar: Es posible que el niño sienta una opresión en el pecho o que le falte el aire, lo que puede hacer que hiperventile.
- Mareos o sensación de desmayo: Algunos niños experimentan mareos o sienten que van a desmayarse.
- Sudoración excesiva: Los niños pueden sudar profusamente, incluso si no hace calor.
- Temblores: El niño puede temblar o tener una sensación de sacudida en su cuerpo.
- Sensación de asfixia: Puede que el niño describa una sensación de estar asfixiándose o ahogándose.
- Náuseas o malestar abdominal: Las molestias estomacales, como náuseas o dolor abdominal, son síntomas comunes durante un ataque de pánico.
- Miedo extremo: El niño puede experimentar un miedo abrumador a que algo malo ocurra, incluso sin una causa obvia. En algunos casos, este miedo puede presentarse como un temor a morir o a perder el control.
- Sensación de irrealidad o desconexión: A veces, los niños describen sentirse como si no estuvieran en su propio cuerpo o como si las cosas a su alrededor no fueran reales, lo que se conoce como despersonalización o desrealización.
Estos síntomas suelen durar entre 10 y 30 minutos, aunque el impacto emocional puede prolongarse mucho más tiempo, dejando al niño exhausto o ansioso.
Causas de los ataques de pánico en niños
Aunque no siempre es fácil identificar una causa específica para un ataque de pánico, existen varios factores que pueden contribuir a que un niño los experimente. Estas son algunas de las causas más comunes:
- Estrés y ansiedad: Uno de los principales desencadenantes de los ataques de pánico en los niños es el estrés. Situaciones como problemas escolares, conflictos con amigos o cambios en la rutina pueden generar una acumulación de ansiedad que desemboque en un ataque de pánico.
- Factores genéticos: Los niños con antecedentes familiares de ansiedad o trastornos de pánico tienen un mayor riesgo de experimentar ataques de pánico. Los genes pueden influir en la forma en que el cerebro responde al estrés y al miedo.
- Eventos traumáticos: Experiencias como la pérdida de un ser querido, un accidente, o la exposición a una situación peligrosa o aterradora pueden desencadenar ataques de pánico en los niños.
- Trastornos de ansiedad: Los ataques de pánico en niños pueden ser un síntoma de un trastorno de ansiedad más amplio, como el trastorno de pánico, la ansiedad generalizada o la ansiedad social. Estos trastornos predisponen al niño a tener respuestas de miedo desproporcionadas ante determinadas situaciones.
- Cambios hormonales: Aunque más común en la adolescencia, los cambios hormonales que se producen en el desarrollo del niño pueden influir en la aparición de ataques de pánico.
- Problemas médicos: En algunos casos, los ataques de pánico pueden estar relacionados con problemas de salud subyacentes, como trastornos de la tiroides o desequilibrios metabólicos, que afectan la forma en que el cuerpo maneja el estrés.
- Factores ambientales: Un ambiente familiar donde prevalezca el estrés, la tensión o la inestabilidad puede contribuir al desarrollo de ataques de pánico en un niño. La exposición a conflictos entre los padres o situaciones de estrés constante en casa puede generar una mayor vulnerabilidad emocional.
- Uso de sustancias: Aunque es raro en niños pequeños, en adolescentes, el consumo de sustancias como la cafeína o el abuso de estimulantes puede desencadenar ataques de pánico.
Los ataques de pánico en los niños son una manifestación de un miedo o ansiedad intensos, y sus causas pueden ser variadas y multifactoriales. Si un niño experimenta ataques de pánico, es importante buscar una evaluación médica y psicológica para determinar si existe una causa subyacente y abordar el problema de manera efectiva. Identificar los factores desencadenantes y proporcionar el apoyo emocional adecuado ayudará al niño a manejar mejor sus episodios y reducir la frecuencia de los ataques.
Conclusión
Los ataques de pánico en los niños pueden tener componentes neurológicos, pero también están muy influenciados por factores psicológicos y ambientales. Es fundamental realizar una evaluación completa para entender mejor su origen y ofrecer un tratamiento adecuado. Si sospechas que tu hijo está sufriendo ataques de pánico, busca apoyo profesional para explorar tanto las posibles causas neurológicas como las emocionales, y así garantizar su bienestar.
